Investigación asegura que podrías ser consciente de tu muerte

Estudio de un reconocido investigador, afirma que somos conscientes de nuestra muerte
13 Ago, 2018
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“Sí, hay vida después de la muerte. He estado sumido en un profundo coma durante una semana, en el que viajé a otra dimensión del universo; una dimensión que nunca antes pude llegar a soñar que existiese”. Relato del neurocirujano de Harvard, Eben Alexander sobre la vida después de la muerte.

Nota: Este artículo se centra en los eventos cercanos a la muerte como parte de un “proceso” o bajo circunstancias que de alguna manera pueden ser consideradas como situaciones reversibles, por ello no se indagara sobre la muerte súbita, dado que evidentemente al tratarse de un hecho abrupto como un fulminante derrame cerebral o un accidente de alto impacto, imposibilitan categorizarla como una serie de eventos que conllevan a una muerte clínica.

La muerte clínica no es un estado sino un proceso

La muerte clínica no ocurre en un instante preciso, sino que estaría determinada por una serie de sucesos progresivos. Médicamente, la hora de la muerte se define como el momento en el que el corazón deja de latir. La falta de latido cardíaco ocasiona una caída de presión sanguínea y por consiguiente, a las células del cerebro no les llega suficiente riego sanguíneo, lo que deriva en una pérdida brusca de conciencia (síncope) y muerte en cuestión de minutos.

Al existir una inminente falta del flujo sanguíneo, las células tratarán de mantenerse vivas; para eso comienzan, dentro de un lapso de cinco minutos, a dañarse o cambiar. Después de una hora más o menos, el daño es tan grande que aunque se intente reactivar el latido del corazón, la persona no podrá recuperarse porque sus células para entonces habrán cambiado de forma irreversible. Luego, continuarán degenerándose hasta que el cuerpo comience a descomponerse.

El córtex cerebral, la ‘parte pensante’ del cerebro, también baja su actividad de manera instantánea, lo que significa que no se producen ondas cerebrales, al menos visibles en un monitor, durante alrededor de 20 segundos. Esta primera reacción inicia una cadena de procesos celulares que resultan en la muerte cerebral. Pero, según el Dr. Sam Parnia de quien nos referiremos más adelante mencionó: “hasta que esto sucede, pueden pasar horas desde que el corazón deja de funcionar”.

La conciencia después de la muerte del cerebro

Se puede declarar muerta a una persona que ha perdido en forma total e irreversible sus funciones cerebrales aun si permanece con actividad cardíaca y ventilatoria gracias al soporte artificial en una unidad de cuidados intensivos.

La muerte encefálica implica el cese irreversible de la actividad vital de todo el encéfalo, incluido el tronco encefálico (estructura más baja del encéfalo encargada de las funciones vitales más importantes, como la respiración y el control cardíaco), con comprobación mediante protocolos clínicos neurológicos bien definidos y el apoyo de pruebas especializadas.

Angiografía de un cerebro
Angiografía de un cerebro con el flujo sanguíneo (izquierda) y un cerebro en un paciente con muerte cerebral (derecha)

Los signos clínicos de la muerte son universales: se entiende que todas las personas mueren cuando la totalidad de las funciones de su encéfalo cesan de manera global e irreversible. Aunque en la mayoría de la población el proceso de la muerte se instaura en el encéfalo como consecuencia de una parada cardiorrespiratoria, la irreversibilidad del cuadro también es clara cuando se pierde la totalidad de las funciones del cerebro. No se trata, pues, de un estado de coma.

Desde las neurociencias, la actividad anormal del cerebro que habitualmente es interpretado por los pacientes como un “viaje al Más Allá”, en realidad se trataría sólo de alucinaciones o trampas de la mente, debido a un trauma o a un mal funcionamiento generalizado, que provocarían al cerebro un mal funcionamiento, liberando diversas hormonas y neurotransmisores que alteran el sistema nervioso.

Sin embargo, el reciente y revelador estudio del doctor Sam Parnia demostraría que la conciencia humana podría seguir existiendo incluso después de la muerte física.

El doctor argentino Arturo Famulari, especialista en neurología cognitiva y del comportamiento, explicó que “según mi criterio, son más exitosas las afirmaciones de aquellos investigadores que se animan a modificar el paradigma científico tradicional que las de quienes continúan con los envases metodológicos tradicionales.

La explicación científica para todas y cada de una de las ECM o Experiencias cercanas a la muerte es prácticamente la misma: el estado pre-mortem conlleva a una franca disminución de la llegada de sangre al cerebro, ésta a una disminución de su metabolismo, que puede alterar aún más la expresión de los genes y la cantidad y calidad de electricidad y química que el cerebro necesita producir.

Pero el estudio del doctor Parnia es muy interesante porque sostiene que es posible que pueda no ser correcta la idea histórica de que los procesos electroquímicos en el cerebro crean la conciencia, y que es posible que exista “algo” allí que aún no hemos descubierto, algo que la ciencia no conoce, y que tal vez la conciencia esté totalmente separada del funcionamiento del cerebro”.

Las Investigaciones del Dr. Sam Parnia

El equipo de investigadores dirigido por el director de investigación de Cuidados Intensivos y Reanimación en la Escuela de Medicina de la U. Estatal de Nueva York (EE.UU.), el Dr. Sam Parnia, conocido por ser un destacado experto en la investigación de las experiencias cercanas a la muerte.

Concluyó al realizar un estudio junto a su equipo que tras analizar a un grupo de pacientes que sufrieron un paro cardiaco y que, técnicamente, murieron, pero fueron reanimados con éxito poco después, existía un porcentaje de aquellos pacientes que tenían consciencia de las conversaciones completas y, también de ver las cosas que sucedían a su alrededor, incluso después de haber sido declarados como fallecidos.

Dr. Sam Parnia experto en el estudio científico sobre la muerte
El Dr. Sam Parnia es considerado uno de los más expertos en el estudio científico sobre la muerte

En este estudio observacional multicéntrico, los métodos se probaron inicialmente en 5 hospitales antes del inicio del estudio (01 / 2007-06 / 2008) en cuyo momento el equipo de estudio reclutó 15 hospitales de EE. UU., Reino Unido y Austria (de un conjunto original de 25) para participar en la recopilación de datos. Entre 07/2008 y 12/2012.

El primer grupo de pacientes que sufrieron un paro cardiaco y que se recuperaron, se inscribieron en el estudio AWARE el cual tenía como objetivo principal, examinar la incidencia de la conciencia y la amplia gama de experiencias mentales durante la resucitación, y como objetivo secundario era investigar la viabilidad de establecer una nueva metodología para probar la precisión de informes de percepción y percepción visual y auditiva durante un paro cardiaco, el trabajo fue publicado en la revista médica “Resuscitation”.

Puedes leer el artículo completo (en inglés) en formato PDF.

Estos pacientes se identificaron utilizando un sistema de localización local que alertó al personal sobre los eventos de paro cardiaco. Los atendidos fueron elegibles para la participación en el estudio si cumplían los siguientes criterios de inclusión:

• Paro cardiaco definido por el cese del latido cardíaco y la respiración (hospitalaria o extrahospitalaria con reanimación cardiopulmonar continua (RCP) al llegar al servicio de urgencias (SU).

• Edad > 18 años.

• Pacientes sobrevivientes considerados aptos para la entrevista por sus médicos y cuidadores.

• Pacientes sobrevivientes que brindan consentimiento informado para la participación. Cuando fue posible, las entrevistas fueron completadas por una enfermera de investigación o un médico mientras que el sobreviviente de un paro cardiaco todavía era un paciente internado.

“La evidencia que tenemos hasta ahora es que la conciencia no se aniquila. Continúa por unas horas, aunque en un estado de hibernación que no podemos ver desde fuera”, menciono el Dr. Parnia.

El investigador afirmó tiempo atrás en el portal Live Science que cuando el corazón deja de latir inicia una reacción en cadena que eventualmente termina con la muerte de las células cerebrales, pero este proceso podría tomar horas después que el corazón se ha detenido. En otras palabras, la persona aún puede experimentar alguna forma de conciencia y precisamente estar consciente de su muerte.

Según el equipo de Parnia, hay evidencias que sugieren que se produce un impulso de energía en el cerebro cuando una persona muere.

En el año 2013, investigadores de la Universidad de Michigan observaron las señales eléctricas dentro de los cerebros de nueve ratas anestesiadas después de haber sido inducidas a un ataque cardiaco. Breves momentos después de la muerte clínica, los investigadores observaron patrones de actividad en el cerebro relacionados con un estado de ‘híper alerta’.

La veracidad de las “experiencias” cercanas a la muerte

El doctor Sam, quien ha escrito los libros “¿Qué sucede cuando morimos?”, “El efecto Lázaro” y “Resurrecciones”, se refirió, por citar un ejemplo, al caso de un hombre de 57 años que estuvo más de tres minutos clínicamente muerto y reportó haber sentido cómo abandonaba su cuerpo y luego observado desde un extremo de la habitación cómo su cuerpo era resucitado.

Lo más impresionante de este relato es que describió con lujo de detalles el movimiento del personal, los diálogos entre las personas que estaban en la sala y los sonidos de las máquinas que ocurrieron ya estando muerto.

Somos conscientes de estar muertos
En el estudio se recolectaron relatos sobre la experiencia en pacientes que clínicamente estaban muertos

“Este hombre describió todo lo que ocurrió en la habitación, pero además escuchó dos beeps que emite una máquina en intervalos de 3 minutos. Así que pudimos medir con bastante precisión cuánto había durado su experiencia. Estuvo consciente, entonces, durante un período de más de tres minutos durante los cuales no había pulso.

Esto es paradójico, ya que típicamente el cerebro deja de funcionar entre 20 y 30 segundos después de que se detiene el corazón, y no vuelve a retomar la actividad hasta que el corazón reinicia sus latidos”.

El estudio AWARE ha usado para tratar de caracterizar este proceso una sofisticada tecnología de análisis del cerebro y la conciencia humanos, durante los paros cardiorrespiratorios.

Entre los que sí informaron de una percepción de conciencia concreta y completaron todas las entrevistas posteriormente, el 46% señaló haber experimentado una amplia gama de recuerdos mentales en relación con la muerte, no siempre compatibles con el término “ECM” comúnmente utilizado. Entre esas experiencias, había algunas de miedo y persecución.

Solo un 9% de estos individuos contó experiencias compatibles con el término ECM y un 2% compatibles con el concepto de “experiencias extracorpóreas”, con recuerdos explícitos de “haber visto” y “escuchado” los acontecimientos que les rodeaban mientras estaban clínicamente muertos.

Uno de estos últimos casos fue validado mediante la utilización de estímulos auditivos durante el paro cardiaco. Además, los recuerdos detallados de percepción visual que contaron los pacientes fueron consistentes, según verificaciones realizadas, con los eventos acaecidos en realidad.

Asimismo, ha examinado la capacidad de “ver” y “oír” durante el estado aparente de muerte clínica (de ahí la prueba auditiva antes mencionada; también se usaron imágenes aleatoriamente generadas, que se ocultaron para poder ser vistas sólo desde arriba, en caso de que los pacientes pudieran percibir sus cuerpos desde “fuera”, en las experiencias extracorpóreas). La investigación fue completada con tests psicológicos y técnicas de registro de la actividad cerebral.

Ser conscientes de que estamos muerto

Para Parnia, el hecho de que la conciencia continúe funcionando en un periodo de baja intensidad durante algún tiempo después de que el corazón se detiene no implica que toda la gente experimente y cuente las mismas vivencias sensoriales; pero a pesar de las diferencias, cree que el saber que estas experiencias existen en todos los casos debería ayudarnos a aceptar la muerte como algo mucho más amable y tranquilizante de lo que usualmente se le piensa.

Es tal vez el miedo al dolor y a la incertidumbre sobre las circunstancias lo que nos vuelve aprehensivos frente a la idea de morir. Tener ese horror al vacío, a la nada, es lógico que el ser humano intente encontrar el modo de trascender; pero la ciencia está demostrando que al menos los primeros instantes después de que desaparecen las funciones cardiacas no es tan aterrador después de todo.

Escrito por

@timonelvirtual

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