Gisela Leibold y su extraña incapacidad para percibir el movimiento

Gisela transíta por el metro
14 Ago, 2018
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“Doctor, tengo serias dificultades para servirme una simple taza de café, puedo divisar claramente la posición de la taza, su forma y color sobre la mesa, sin embargo, al momento de sujetar la cafetera y posicionarla para verter el café, todo se torna raro para mí, como si se detuviera el tiempo; puedo ver como el flujo del café se congela mientras soy consciente de lo que hago, y solo retorno en mí, cuando me espanto al ver que he derramado el café de un momento a otro”.

Muy similar a este relato le fue informado en primera persona al neuropsicólogo Josef Zhil, del Instituto Max Planck de Psiquiatría en Múnich, que hasta entonces, jamás hubiera imaginado que pudiera existir un caso donde un ser humano fuera incapaz de ver ~EL MOVIMIENTO~.

Todo comenzó en el año 1978, precisamente en Múnich, Alemania. Cuando una mujer bajo el nombre de Gisela Leibold fue hospitalizada por presentar síntomas de cefalea y vértigo. Tras los primeros análisis, se evaluó la condición de la paciente como una trombosis venosa cerebral (seno longitudinal superior).

A pesar de la gravedad del diagnóstico, las pruebas arrojaron que el accidente cerebrovascular que sufrió “la paciente de Múnich”, no había comprometido el estado de otras funciones relacionadas a la visión, como la capacidad de observar los colores con normalidad y la habilidad de discernir la profundidad de los objetos inmóviles. Aparentemente se trataba de un caso singular, donde se concluyó que las lesiones en la parte posterior de la corteza visual, habían sido particularmente simétricas y bilaterales, dando como resultado un caso totalmente excepcional.

La extraña incapacidad de distinguir el movimiento, está estrechamente relacionado a un trastorno neuropsicológico conocido como Akinetopsia, vinculado con el sistema nervioso y las funciones mentales. Este tipo de alteración en la percepción visual, funciona como un reflejo cegador que se activa al detectar el desplazamiento de un cuerpo, inhibiendo la facultad de distinguir el movimiento.

Sin embargo, en estricto rigor, estas personas si pueden ver, aunque muy escasamente, el desplazamiento de alguien o algo, como una serie de imágenes estáticas que se van posicionado una tras otra hasta desaparecer del campo visual. Una buena analogía para entender cómo es afectada la visión, sería muy similar al observar el desplazamiento de una persona bajo una luz estroboscópica.

Tras los ojos de Gisela

Nuestra rutina se basa en percibir el movimiento de las cosas, nuestro sentido visual es sin duda el más utilizado y del cual nos regimos para juzgar si algo anda bien o no ¿pero qué pasaría si un día dejara de funcionar correctamente? El hecho de que nuestras percepciones sensoriales funcionen adecuadamente, está directamente relacionado a la salud de nuestro cerebro, el cual recibe todas las señales externas para recrear el movimiento, los colores, las formas, el dolor y un sinfín de interpretaciones que conforman la realidad tal cual la conocemos.

En el caso de “la paciente de Múnich”, resulta bastante lamentable pensar que ella debió pasar de un estilo de vida sin grandes complicaciones, a una constante lucha para adaptar esta inhabilidad a su cotidianidad. Ser consciente de saber que todas las extremidades de su cuerpo funcionan sin dificultades, pero que aun así, sea incapaz de sentir la libertad que tienen los demás.

La falta de seguridad al transitar por las calles de su ciudad, al tener que cruzar una calle por muy estrecha que ésta sea, son parte de las dificultades que le acechan sin cesar, y es que detenerse ante un cruce y mirar sin tener la certeza de saber si un vehículo va o viene, o que simplemente está detenido, resultaría inmensamente extenuante para cualquiera.

Cuando un ser vivo deja de contar con la utilidad de un sentido, por lo general, suele haber una respuesta del organismo para asegurar un funcionamiento lo más equilibrado posible, un claro ejemplo seria el incremento en la agudeza de los sentidos perceptivos que restan. En el caso de nuestra protagonista, al no contar con la fidelidad de su visión al movimiento, le ha llevado a depositar su confianza en el oír, así, cada vez que sale de su casa y debe cruzar la acera, se detiene, mira en ambas direcciones y concreta su decisión si oye o no, cualquier tipo de ruido relacionado a un automóvil en marcha.

Pero los problemas de Gisela no comienza con tan solo salir a la calle, su hogar también forma parte de su complejo panorama, el hecho de sentarse a conversar con alguien también puede terminar siendo una circunstancia desagradable. Leibold afirmó en una entrevista realizada por un documental de la BBC titulado “Brain Story”, que cuando tenía que establecer una conversación con alguien, se limitaba a enfocar su mirada hacia un área estática para persuadir el disgusto de ver los engorrosos movimientos que se realizan a menudo en una conversación como es el caso de las gestualidades.

A pesar de las limitaciones que afligen a Gisela, aún mantiene los vestigios de ser capaz de detectar —aunque muy escasamente— el desplazamiento de un cuerpo desde un punto “X” hasta un punto “Y” cuando son del orden horizontal y en menor frecuencia, los verticales, siempre y cuando, estos se muevan a bajas velocidades, permitiéndole incluso, distinguir una estela difuminada que conforma a la figura que se desplaza, no obstante, las direcciones rectilíneas en sentido frontal a ella, suelen ser las más problemáticas, al no poder discriminar si alguien viene hacia ella, provocándole por consiguiente, un espanto al creer que podría chocar sin previo aviso.

Las principales razones que podrían causar la Akinetopsia

Existen varias causas que podrían provocar Akinetopsia, algunas de ellas son:

• Efectos secundarios tras la ingesta de algún fármaco antidepresivo.

• Daño producido por una embolia cerebral.

• Cirugía craneal y Neurocirugía.

Este raro trastorno neuropsicológico en el cual los paciente pueden ver claramente los colores, formas y dimensiones de las cosas inmóviles, podría estar influenciado en mayor medida que las causas mencionadas anteriormente, por una lesión en la estructura del cerebro provocada por un accidente cerebrovascular por ejemplo, pudiendo afectar drásticamente a dos regiones del cerebro responsables de la percepción visual al movimiento conocidas como áreas visuales V1 y V5.

El área V1 o más bien, corteza visual primaria, está localizada en el polo posterior de la corteza occipital responsable del procesamiento de los estímulos visuales. Esta altamente especializada en el procesamiento de información acerca de los objetos estáticos y en movimiento y es excelente en el manejo de reconocimiento de patrones.

El área V5/MT es la encargada del movimiento visual, las neuronas en esta zona responden de manera selectiva a estímulos visuales con una dirección específica. Los pacientes con Akinetopsia por lo general presentan daños en esta área, afectando las capacidades de detectar movimiento, dirección y discriminación de la velocidad.

Las señales relacionadas con el movimiento llegan a V1 (60-70 ms) y V5 (‹30 ms) en momentos diferentes, con V5 actuando independientemente de V1. Los pacientes con visión ciega podrían presentar daños en V1, pero si V5 permanece intacta, aun se podría distinguir movimiento, aunque con dificultades. La desactivación de V1 limita la visión del movimiento, pero no la detiene por completo. En el caso de la paciente de Múnich, ella tenía una percepción de movimiento mínima que se conservaba tal vez como una función de V1, en función de un área cortical visual de orden “superior”, o de una preservación funcional de V5.

La Akinetopsia en un capítulo de House

En el capítulo séptimo de la tercera temporada de Dr. House (“Son of a Coma Guy “). El trastorno de la Akinetopsia forma parte en la escena de arranque. El episodio comienza cuando un joven entra a la habitación del hospital, donde se encuentra su padre (en estado vegetativo) al resguardo de House (H) y Wilson.

H comienza a encender y apagar las luces durante unos segundos y luego, le arroja una bolsa de papas fritas a la cara del muchacho, pero él no realiza ningún movimiento de reflejo para atrapar la bolsa, en ese momento H le pregunta ¿quieres ver algo interesante? y tras levantarse de la silla donde se encontraba, desaparece de la pantalla y aparece de la nada frente al joven, y mirándolo a los ojos H le informa que él no había podido percibir su movimiento por que padece un desorden llamado Akinetopsia, de pronto el tipo cae al piso convulsionando probablemente por la incitación que H le provoco con el juego de luces..

Sin un final feliz 🙁

Este trastorno es capaz de cambiar drásticamente la vida a quienes la padecen, una constante lucha que deberán confrontar día a día por el resto de sus vidas. Esta clase de invalides ni siquiera les permite distinguir sus propios movimientos; incluso, el simple ejercicio de intentar observar un brazo que sube y baja, lo perciben como una ráfaga de varios brazos borrosos que siguen la huella del original.

Por otra parte gracias a la voluntad de Gisela Leibold, quien aceptó formar parte del estudio de este desorden neuropsicológico por más de veinte años, se ha recopilado más información al respecto, aunque de momento no existe una cura que pueda disolver este trastorno y restaurar el correcto funcionamiento cerebral del afectado, sin embargo, los manejos y las técnicas que se emplean actualmente para confrontar y proporcionar habilidades a quienes se encuentran involucrados en la investigación de esta afección, han mejorado considerablemente en dirección hacia una pronta y esperanzadora solución ¡Nos Vemos!

Escrito por

@timonelvirtual

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