El mural de “La última Cena” y su medio siglo de resistencia

10 Ago, 2018
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“Los comensales aún se niegan a retirarse de la ultima cena, la discusión sobre quien traicionara a Jesús sigue sin un conceso y el desconcierto se va figurando en cada rostro adyacente al Mesías”.

La obra pictórica titulada “La ultima cena” la cual intenta trasmitir un hecho bíblico donde Jesús anuncia que será traicionado por unos de sus discípulos, lleva más de medio siglo resistiendo el corroer del tiempo. Y es que si detrás de la “La santa cena” no hubiera estado el destacado genio y pintor florentino Leonardo Da Vinci, la obra hubiera sido tratada como “otro mural más”, pintado por un fulano cualquiera.

Todo comenzó tras un modesto pedido que recibió Leonardo por parte del mismísimo Duque de Milán, Ludovico Sforz, para ser el responsable de una obra que debía ser ejecutada en el refectorio del convento dominico de Santa Maria delle Grazie, al norte de Milán (Italia).

Tras su llegada al convento de los Dominicos en 1495, el maestro comenzaría a trabajar en la pintura, que por cierto debía ajustarse a los cánones religiosos, evocando para tales fines, el sacramento de la eucaristía, no obstante, detrás de la pieza se encontraba un pintor entusiasta e innovador, lo que culminaría con una escena bíblica de la cual todos ya conocemos como un hecho relevante en la historia de la religión cristiana, la cual ha sido reproducida en innumerables películas y obras de teatro.

En 1980, el conjunto fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco
En 1980, el convento dominico de Santa Maria delle Grazie fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco | Fuente: en.wikipedia.org

Detrás de la técnica

El desafío era de gran envergadura, Da Vinci se enfrentaba a una muralla de dimensiones considerables (4,60 m de alto x por 8,80 m de ancho). Claramente le costarían años de su vida para finalizar con la petición, pero como el reto era de su talla, comenzó de inmediato con los preparativos. En primera instancia, trabajo en la base del muro, para ello trato la superficie con capas de yeso para lograr una terminación lisa y nivelada donde aplicar los pigmentos.

Antes de comenzar con la fase de pintado, Leonardo ensayo minuciosamente los detalles y posturas de los protagonistas, una cualidad propia de su expertiz, un buen ejemplo seria observar cómo fueron dibujadas las manos de Jesús, en una disposición acorde a la mirada decaída que expresa una sensación de preocupación tras haber anunciado que sería traicionado.

las manos de Jesús en una disposición acorde a la mirada decaída que expresa una sensación de preocupación tras haber anunciado que sería traicionado
Fuente: milkjapon.com

Una vez finalizado los preparativos, comenzaba recién la titánica labor de darle vida a los trazos de tiza y siluetas dibujadas previamente en la pared. Desde esos entonces, lo más habitual para comenzar a pintar sobre un mural era utilizar la técnica conocida como “buon fresco”, una expresión italiana que denomina así a las pinturas que se realizan sobre el último estrato húmedo de mortero de cal y arena, llamado enlucido.

Para trabajar a gusto, Da Vinci se las ingenia para emplear su propio modus operandi, puesto que la técnica del fresco —la más fiable— le exigiría un mayor ritmo de ejecución, lo cual era impropio de él. Por consiguiente, experimento con una combinación entre el óleo y temple para manejar con mayor placer los retoques y repintados a medida que avanzaba sobre la obra, sin embargo, no cuantifico el tiempo adicional que debió esperar entre el secado de las capas, a causa de la mezcla que decidió probar.

El fantasma de la desgracia

A finales de 1497, el pintor florentino informaba formalmente que su trabajo había culminado y que la pintura podría ser admirada por el público, aunque reconoció que debía retocar alguno que otro detalle, típica inconformidad de quien persigue la excelencia. Tras el segundo decenio, la obra del cenáculo comenzaría a manifestar los primeros indicios de desprendimiento de la pintura, causadas por la humedad del refectorio y exacerbada aún más por el rio que circula debajo del convento, que para ese entonces no se tomó en cuenta o simplemente se desconocía la existencia de este. Y esto no sería todo lo que le deparaba el futuro a la grabación de la santa cena, los problemas que vendrían a continuación pudieron haber destruido por completo la obra culmine.

A finales de 1497, el pintor florentino Leonardo Da Vinci informaba formalmente que su obra "La Última Cena" había culminado
A finales de 1497, el pintor florentino informaba formalmente que su trabajo había culminado | Fuente: www.nanduti.com.py

El primer evento de gran relevancia tuvo como protagonista al rey Luis XII de Francia, quien conoció el fresco original de «La última cena» después de conquistar Milán. El monarca al quedar cautivado por la pieza de arte, acarició la tentadora idea de desprender el fresco de la pared para llevárselo a su país, afortunadamente, desistió de tal idea, optando por la intención de poseer una réplica exacta de la obra. “Necesitamos a Leonardo da Vinci”, escribió en una carta donde se hacia el encargo por el año 1507.

Un par de siglos más tarde, las tropas napoleónicas invadieron el establecimiento religioso para utilizarlo como un establo, alrededor de 1797, profanando el hábitat donde yacían frágilmente, las brillantes y delicadas pinturas que decoraban el histórico lugar. El último evento de alto riesgo, ocurrió en la noche del 15 de agosto de 1943 en plena segunda guerra mundial, cuando unos bombarderos del ejército aliado arrojaron sus bombas muy próximas al convento, destrozando gran parte de la estructura del refectorio y derribando algunas murallas de esta, increíblemente, el mural de Da Vinci logró sortear los impactos.

Restauraciones al rescate

La obra que contemplamos hoy solo contiene un 20% de la original. El 80% restante es posterior a las ocho intervenciones que han sido necesarias para prolongar la vida útil de ésta. Las dos primeras mantenciones comenzaron en el siglo XVIII; la tercera se realizó en el siglo XIX y desde la cuarta a la séptima tuvieron lugar en la primera mitad del siglo XX.

La última intervención fue dirigida por la restauradora milanesa Pinin Brambilla Barcelon, cuya faena transcurrió entre los años 1979 y 1999, después de más de 20 años de trabajo y de un coste aproximado de unos 8.800.000 euros, emergió a la luz el trabajo que tuvo la delicada misión de retirar las finas capas de repintado y barnices superpuestos tras las labores de reparación ya mencionadas, con el único anhelo de dar con algunos de los pigmentos originales empleados por Leonardo.

Pinin Brambilla Barcelon responsable de la última mantención que tuvo el mural de la última cena
Pinin Brambilla Barcelon responsable de la última mantención que tuvo el mural de la última cena | Fuente: conspirology.org

Tras la serie de restauraciones, el ministerio de bienes culturales junto a la cadena de productos italianos Eataly, se han puesto la mano en el bolsillo para implementar mediadas sofisticadas para mantener el mural que cada día sufre una lenta degradación por diferentes factores como la humedad, partículas de polvo, entre otros.

La propuesta escogida para prolongar el estado, consiste en la instalación de un nuevo sistema de aireación que tendrá como objetivo purificar el aire que rodea a la pintura, emitiendo 10.000 metros cúbicos de aire limpio frente a los 3.500 que se emiten actualmente. La fecha de entrega está prevista para el año 2019, año que coincidirá con el 500 aniversario de la muerte del artista polifacético responsable de esta magna obra pictórica.

Detalles interesantes

Hasta no hace mucho, se identificó una pequeña incisión en el centro de la superficie de la muralla, los expertos creen que se hizo antes de que Da Vinci comenzara a pintar “la ultima cena”, con el objetivo de definir la perspectiva de la escena, la cual se encuentra junto a los ojos de Jesús, precisamente en la sien derecha, que correspondería a un clavo desde el cual trazó el “punto de fuga”.

Otro dato curioso aparece a la izquierda de Jesús, si observamos con atención la imagen de la santa cena, nos daremos cuenta que existe una mano empuñando una daga que no pareciera tener un cuerpo, no obstante, esta confusión seria esclarecida tras una serie de teorías falsas.

El crítico de arte Bruce Boucher en The New York Times, fue quien resolvería el presunto enigma de la daga el cual mencionó lo siguiente: “…pero no es una mano sin cuerpo. El dibujo preliminar y las copias posteriores de “la última cena” demuestran que la mano y el cuchillo pertenecen a Pedro: una referencia al pasaje del Evangelio de San Juan en el que Pedro saca la espada en defensa de Jesús”. ¡Nos Vemos!

Escrito por

@timonelvirtual

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